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"A los lectores que encontraron amena la lectura de El arte de la guerra para directivos, directores y dirigentes debemos advertirle que el presente libro es mucho más denso. Esto quiere decir que es más aprovechable (tienes más reglas, más conocimiento), pero que, en contrapartida, exige una lectura más atenta. De hecho, diría que quien no haya tenido experiencia en dirección de equipos se perderá algunos contenidos importantes; no entenderá el tono de algunos apartados o la importancia de algunos matices. Quizá sea un libro que requiera de cierta madurez para llegar a todos sus entresijos.

El primer libro de la trilogía era como su kit de supervivencia en la selva humana. Debía ser leído con avidez, porque equivalía al equipamiento básico del hoplita para poder formar en la falange. Éste, en cambio, es un equipamiento más complejo. Es la vara de mando, los planos, la lista de lugartenientes, los reyes aliados... Es el kit del líder y es muy difícil de manejar. El del estratega quedó atrás."

Guillem Bou Bauzá
Julio de 2004

  1. Liderazgo estratégico
  2. Apertura
  3. Fedio juego
  4. final y retirada
  5. Alianza vertical
  6. Alianza horizontal
  7. Conflictos con alianzas en juego
  8. Amenaza y provocación
 
Tenemos muchos manuales sobre cómo dirigir una organización en, digamos, situación normal; pero ¿los tenemos para liderarla en casos de competencia álgida de mercado, agresiones hacia nuestro equipo, hostilidad hacia nosotros como líderes, competencia política o existencia de grupos que nos han llevado a un conflicto? Motivar, premiar, castigar, arriesgarse, ganar aliados, traicionarlos, hacer que sus competidores se enfrenten entre sí, mover a las masas (grandes o pequeñas) en interés propio. todo forma parte de una nuevo tipo de liderazgo, sobre el que se escribe poco, y cuya denominación natural es liderazgo estratégico. "Juzgó que era necesario, si quería hacerla pacífica y obediente al brazo regio, darle un buen gobierno. Entonces envió allí a messer Ramiro de Orco, hombre cruel y expedito, al cual dio plenos poderes. Éste en poco tiempo, la convirtió en una provincia pacífica y unida, con grandísima reputación. Después pensó el duque que no era necesaria tan excesiva autoridad, porque temía que se volviera odiosa; y así erigió en el centro de la provincia un tribunal civil, presidido por un hombre excelente, y en el que cada ciudad tenía su defensor. Y, como sabía que los rigores del pasado le habían granjeado algún odio, para purgar los corazones de los pueblos y ganárselos del todo, quiso mostrar que, si se había cometido alguna crueldad, no procedía de él, sino de la acerba naturaleza del ministro. Y a la primera ocasión que se le presentó, una mañana lo hizo exponer en dos pedazos en la plaza con un trozo de madera y cuchillo ensangrentado al lado. La ferocidad de semejante espectáculo hizo que aquellos pueblos, durante algún tiempo, quedaran tan satisfechos como asombrados y atemorizados." (Maquiavelo, 1999:40)
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